Cómo entender tu radiografía o resonancia lumbar: hernia discal, L4-L5 y por qué la imagen no siempre explica el dolor

José De San Juan Guerrero, Doctor of Chiropractic, analizando radiografía cervical con paciente en Tonovital Centro Quiropráctico Málaga
Contenidos mostrar 1 En resumen 2 Qué es una hernia discal lumbar 3 Por qué aparece una hernia discal lumbar: causas más frecuentes 4 Cuándo…

Te duele la espalda baja. Te han mandado una resonancia. Lees el informe y aparecen palabras como «protrusión discal en L4-L5» o «degeneración del disco» y te asustas: piensas que esa es la causa del dolor y que algo se ha roto dentro de ti.

Antes de tomar decisiones, conviene saber una cosa. Una hernia discal puede llevar entre 5 y 7 años instalada en tu columna y dar dolores con apariencia muscular, de esos que se justifican con antiinflamatorios y un par de sesiones. Y aquí entra el primer matiz importante: muchos hallazgos de imagen que asustan al verlos en un informe —disco degenerado, protrusión, abombamiento— aparecen también en personas que no tienen dolor. La imagen describe la anatomía de la zona; no explica por sí sola por qué duele en este momento.

Eso no significa que tu informe no importe. Significa que para entender qué te está pasando hace falta otra cosa: una valoración del movimiento, del sistema nervioso y de cómo está funcionando tu columna en este momento. En este artículo te explicamos qué dicen esos términos del informe, qué sabe la evidencia hoy sobre la hernia discal en L4-L5 y L5-S1, y dónde encaja la quiropráctica dentro de un plan razonable.

En resumen

Tu informe radiológico no es tu diagnóstico. Una revisión publicada en American Journal of Neuroradiology en 2015 mostró que la mayoría de hallazgos que aparecen en una resonancia lumbar (degeneración del disco, abombamiento, protrusión, fisuras anulares) son frecuentes también en personas sin dolor y aumentan con la edad: el 37 % de personas de 20 años sin dolor ya presentan degeneración discal, y el 96 % a los 80 años. Una hernia L4-L5 o L5-S1 puede explicar tu dolor, o puede ser un hallazgo que llevaba años ahí sin causarte molestias. La imagen describe anatomía; la causa del dolor se valora explorando el movimiento, el sistema nervioso y cómo está funcionando tu columna ahora. Este artículo explica qué significan esos términos del informe, qué dice la evidencia sobre la hernia lumbar y cómo encaja la quiropráctica dentro de un plan razonable.

Qué es una hernia discal lumbar

Cuando hablamos de hernia discal lumbar, hablamos de un disco intervertebral que ha cambiado de forma. Entre cada dos vértebras de la espalda baja hay un disco: una estructura tipo amortiguador, con una parte central más gelatinosa (el núcleo pulposo) y un anillo fibroso por fuera. Con los años, con la carga, con la postura mantenida o con un movimiento brusco, el anillo puede perder altura, abombarse hacia fuera o, si el cambio es más marcado, dejar que parte del núcleo empuje hacia el canal donde pasan los nervios.

Los radiólogos describen ese cambio con palabras concretas:

  • Disco degenerado o pérdida de altura discal: el disco está más fino y deshidratado que uno joven y sano. Es un hallazgo extremadamente frecuente con la edad.
  • Abombamiento discal (bulging): todo el disco protruye un poco en su circunferencia, como una rueda algo desinflada. No hay rotura.
  • Protrusión discal: una zona concreta del disco sobresale más de lo que debería. Sigue habiendo anillo fibroso conteniendo el núcleo.
  • Extrusión o hernia extruida: el material del núcleo atraviesa el anillo y sale del contorno habitual del disco.
  • Fisura anular: hay una pequeña rotura en el anillo fibroso.

Los niveles L4-L5 y L5-S1 son los dos últimos segmentos de la columna lumbar, los que más carga soportan y los que con más frecuencia aparecen mencionados en los informes. Que tu informe nombre uno de estos niveles no quiere decir, por sí solo, que ese sea el origen de tu dolor: solo describe dónde el radiólogo ha visto un cambio.

Por qué aparece una hernia discal lumbar: causas más frecuentes

La columna lumbar es una zona muy cargada por diseño. Sostiene el peso del tronco, transmite fuerza a las piernas y permite movimientos en varias direcciones a la vez. Eso la hace eficiente, pero también vulnerable cuando se descuida durante años. Las causas más frecuentes de los hallazgos que ves en tu informe se ordenan así:

1. Envejecimiento normal del disco. El disco intervertebral pierde agua progresivamente desde la veintena. Esa pérdida no es enfermedad: es parte de cómo envejecen los tejidos. Por eso la revisión de Brinjikji y colaboradores publicada en 2015 encontró que el 37 % de personas de 20 años sin dolor ya tienen algún grado de degeneración discal en la resonancia, y el 96 % a los 80. Que tu disco se vea más fino que el de un niño de 12 años no significa que esté enfermo.

2. Carga mecánica repetida sin recuperación. Trabajos con cargas, posturas mantenidas (de pie o sentado muchas horas), cambios bruscos sin preparación, gestos repetidos con la espalda en flexión. La columna tolera mucho si se la deja recuperar; tolera menos cuando la carga es continua y el descanso es escaso.

3. Patrón de movimiento alterado. Cuando una articulación lumbar deja de moverse bien (interferencia mecánica), las articulaciones vecinas compensan moviéndose más de lo que les corresponde. Con el tiempo, esa compensación carga zonas concretas del disco y puede contribuir a los cambios que luego aparecen en la imagen. Y cuando esa restricción de movimiento se aborda, la mecánica de la zona puede mejorar.

4. Componente postural y de sedentarismo. Horas sentado en posiciones que no respetan la curvatura natural, falta de fuerza en la musculatura profunda del tronco, hábitos de movimiento limitados. No es la causa única, pero suma.

5. Episodio agudo identificable. A veces hay un punto de partida claro: levantar un peso mal apoyado, una caída, un giro brusco con la espalda cargada. En otros casos, no hay un día concreto: el dolor llega después de meses o años de sumar pequeños desencuentros con la propia espalda.

Hay una idea importante que conviene aclarar: la imagen captura el cambio anatómico, pero no captura la interferencia funcional que muchas veces explica mejor el dolor. Por eso un informe con varios hallazgos puede convivir con poco dolor, y un dolor intenso puede aparecer con una resonancia sin grandes alteraciones.

Cuándo es urgente consultar por dolor lumbar

La gran mayoría de dolores lumbares, incluso con hallazgos llamativos en la imagen, no son una urgencia médica. Pero hay un grupo de señales que sí lo son. Si aparece cualquiera de las siguientes, deja este artículo, no busques quiropráctico ni fisio: ve a urgencias médicas o al servicio sanitario que tengas más a mano.

  • Pérdida de control de los esfínteres (no poder retener orina o heces, o no notarlo) o anestesia en la zona del periné («zona de la silla de montar»). Puede indicar compresión grave de las raíces nerviosas bajas (síndrome de cauda equina) y exige valoración médica urgente.
  • Debilidad progresiva en una pierna o las dos que aparece en horas o pocos días: te cuesta levantar el pie, te tropiezas con la punta del zapato, no puedes ponerte de puntillas con un pie o se te cae la rodilla al caminar.
  • Fiebre acompañando al dolor lumbar, especialmente si llevas algún tiempo con un sistema inmune comprometido, has tenido infecciones recientes o eres portador de prótesis articulares. Puede sugerir infección.
  • Antecedente reciente de traumatismo serio (caída desde altura, accidente de tráfico) y dolor lumbar nuevo intenso.
  • Pérdida de peso involuntaria significativa, dolor lumbar que empeora claramente por la noche y no cede con el reposo, especialmente si tienes antecedentes oncológicos.
  • Dolor irradiado a una pierna que empeora rápidamente, día tras día, con pérdida de fuerza añadida.

Tener una hernia discal, incluso a nivel L4-L5 o L5-S1, no es de por sí una urgencia. La urgencia la marcan estas señales, no el nombre del hallazgo en la resonancia. Si ninguna de ellas está presente, hay tiempo para entender bien lo que ocurre antes de decidir cómo actuar.

Qué puedes hacer en casa los primeros días

Si tu cuadro es un dolor lumbar instalado sin señales de alarma, hay medidas razonables que puedes aplicar en los primeros días mientras decides cómo te valoras. No son recetas universales: son orientaciones generales que la evidencia respalda y que cualquier profesional te confirmaría.

Mantén movimiento dentro del rango cómodo. Las guías clínicas internacionales para el dolor lumbar, como NICE NG59 en Reino Unido y la guía de la Organización Mundial de la Salud publicada en 2023, coinciden en algo claro: el reposo absoluto en cama no ayuda y, prolongado, empeora la situación. El cuerpo se reorganiza con movimiento, no con quietud. Caminar a ritmo cómodo varias veces al día suele ser un buen punto de partida.

Usa la postura para dormir a tu favor. Si duermes boca arriba, prueba con un cojín bajo las rodillas para relajar la curvatura lumbar. Si duermes de lado, un cojín entre las rodillas mantiene la pelvis más alineada y evita que la columna baja gire toda la noche. Boca abajo no es la mejor opción si la zona está sensible.

Aplica calor o frío con criterio. El calor suave (manta eléctrica, ducha tibia más larga, saco de semillas) ayuda a relajar la musculatura tensa después de las primeras 48-72 horas, cuando ya no hay inflamación aguda visible. El frío local puede ser útil en las primeras horas tras un episodio agudo concreto, en sesiones cortas de 10-15 minutos.

Qué conviene evitar las primeras semanas. Cargar pesos por encima de unos pocos kilos, movimientos bruscos de rotación con la espalda flexionada, posturas mantenidas sin pausas (sentado o de pie más de 45-60 minutos seguidos sin moverte), deportes de impacto sin valoración previa.

Sobre los medicamentos. No es nuestro terreno hacer recomendación farmacológica concreta: para eso está tu médico de cabecera. Lo que sí cuenta como información útil es esto: las guías internacionales recientes (la guía estadounidense del American College of Physicians de 2017 y la de la OMS de 2023) priorizan el enfoque no farmacológico como primera línea para el dolor lumbar no específico, y dejan los fármacos para casos seleccionados, bajo control médico y por el tiempo más corto posible.

Esto es lo que tiene sentido hacer durante unos días mientras decides el siguiente paso. Si el dolor mejora claramente, sigues con tu vida y aprendes del episodio. Si el dolor persiste o aparece patrón repetido, viene el siguiente paso.

Cuándo y por qué consultar a un quiropráctico o fisio

Pasados los primeros días, si el dolor sigue molestando, si interfiere con tu sueño o con tu trabajo, o si reconoces que el patrón se repite cada cierto tiempo, conviene una valoración profesional. ¿De quién?

Quiropráctica y fisioterapia no son lo mismo, y aunque su territorio anatómico se solape, su marco de trabajo es distinto. La fisioterapia, dentro de su ámbito regulado en España, aborda las patologías musculoesqueléticas —incluida la hernia discal— con terapia manual, movilización articular, ejercicio terapéutico y readaptación. La quiropráctica no trata la hernia como diagnóstico: su eje es la subluxación vertebral, un bloqueo segmentario que interfiere con la mecánica de la columna y con la función del sistema nervioso, y se aborda mediante el ajuste vertebral y de extremidades. Son enfoques complementarios, no competidores.

En España existe una paradoja institucional. La Agencia Tributaria clasifica la actividad quiropráctica como sanitaria a efectos fiscales y le aplica la exención de IVA prevista para la asistencia sanitaria a personas físicas (Ley 37/1992, art. 20). El Ministerio de Sanidad, en cambio, no la incluye como profesión sanitaria titulada dentro de la Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias. La fisioterapia sí está regulada como profesión sanitaria titulada, con colegiación obligatoria y un marco legal claro para el abordaje de patologías musculoesqueléticas.

En el terreno del dolor lumbar, ambos enfoques se cruzan en la práctica y son complementarios y, sobre todo, beneficiosos para quien más importa: el paciente. Si quieres profundizar en cómo se compara la formación de ambas profesiones —y de la medicina—, en cómo se distribuyen las competencias y en el detalle de la paradoja regulatoria española, tienes el análisis completo en el artículo Quiropráctica, fisioterapia y medicina: formación, competencias y paradoja regulatoria en España.

En Tonovital, ese es nuestro marco: José De San Juan es Doctor of Chiropractic por Sherman College (Carolina del Sur, EE. UU.), miembro nº 1327 de la Asociación Española de Quiropráctica (AEQ), y también fisioterapeuta colegiado nº 5960 del Ilustre Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Andalucía. Dos formaciones completas y complementarias. La consulta combina ambas miradas: el abordaje quiropráctico centrado en la columna y el sistema nervioso a través del ajuste vertebral, y la valoración funcional propia de la fisioterapia.

¿Qué pasa en un primer encuentro? Una valoración personalizada. No un diagnóstico apresurado a partir de la imagen. Se explora cómo te mueves, cómo te has movido en los últimos años, qué te alivia y qué te empeora, qué patrones aparecen en tu marcha, cómo está tu columna en flexión, en extensión y en rotación, cómo responden las articulaciones de la columna lumbar y de las zonas que la influyen (cadera, pelvis, dorsal baja), cómo responde el sistema nervioso. Tu informe radiológico se incorpora al cuadro, pero no lo sustituye.

A partir de ahí se propone un plan razonable: qué tiene sentido hacer en consulta, qué tiene sentido que hagas tú en casa, qué señales nos dirán que vamos bien y qué señales nos dirían que conviene parar o derivar.

¿Tiene esto sentido para mí? Tiene sentido si tu dolor lumbar lleva más de unas semanas, si se repite cada cierto tiempo, si interfiere con tu actividad o si quieres entender lo que ocurre antes de que se cronifique. No tiene sentido si presentas alguna señal de alarma de las descritas más arriba: en ese caso, valoración médica primero.

Preguntas frecuentes

¿Una hernia discal lumbar se cura?

La pregunta «se cura» no es la mejor forma de plantearlo. Muchas hernias discales evolucionan con el tiempo: la parte que protruye puede reabsorberse parcialmente, el dolor irradiado puede desaparecer, la persona puede recuperar su actividad habitual. Eso ocurre con o sin imagen «limpia» al final del proceso. La evidencia sugiere que el enfoque no farmacológico, con movimiento adecuado y atención a la mecánica de la columna, ayuda a esa evolución en una buena parte de los casos. Lo que no se puede afirmar honestamente es que un tratamiento concreto, sea el que sea, garantice una curación.

¿La quiropráctica puede empeorar una hernia discal?

Es una preocupación razonable, y la respuesta desde las guías clínicas internacionales es tranquilizadora. Las guías del National Institute for Health and Care Excellence del Reino Unido (NICE NG59), del American College of Physicians de Estados Unidos (Qaseem et al., 2017) y de la Organización Mundial de la Salud (2023) para el dolor lumbar no específico contemplan la manipulación espinal como parte del enfoque no farmacológico de primera línea, incluidos casos con hallazgos de hernia discal en imagen sin señales de alarma. No es una intervención que las guías internacionales consideren contraindicada por defecto en presencia de hernia discal lumbar. Lo relevante clínicamente es la valoración caso por caso, con historia y exploración, y descartar señales de alarma antes de plantear cualquier abordaje.

¿Necesito una resonancia para que me valoren?

No siempre. Las guías clínicas internacionales para el dolor lumbar (NICE en Reino Unido, ACP en Estados Unidos, OMS en 2023) coinciden en que la imagen rutinaria no está indicada en el dolor lumbar no específico sin señales de alarma. La razón es exactamente la de Brinjikji 2015: los hallazgos degenerativos son tan frecuentes en personas sin dolor que pedir resonancia a todo el mundo lleva a etiquetas que no aportan y a tratamientos innecesarios. Si tu médico considera que tu cuadro lo requiere, la pedirá. Si no la ha pedido y no tienes señales de alarma, no la necesitas como condición previa para una valoración funcional.

¿Cuánto tarda en mejorar un dolor lumbar con hernia?

Varía mucho de una persona a otra. Hay cuadros que mejoran en semanas y cuadros que requieren meses de trabajo combinado entre lo que pasa en consulta y lo que pasa fuera de ella. Lo razonable es plantear un horizonte de revisión a las 4-6 semanas del inicio del trabajo, con criterios claros de qué mejora se espera ver, y reajustar el plan en función de eso.

¿Puedo hacer ejercicio con una hernia discal?

En la mayoría de los casos, sí, y de hecho conviene hacerlo. Lo importante es qué ejercicio, con qué carga y con qué progresión. No es lo mismo caminar a buen ritmo que empezar a hacer peso muerto sin valoración previa. En el satélite «Ejercicios para hernia discal lumbar: qué sí y qué no» entramos en detalle.

¿La hernia desaparece de la resonancia?

A veces parcialmente, sí. Pero la mejora clínica (que el dolor se vaya, que recuperes tu actividad) no depende necesariamente de que la imagen quede «limpia». Es perfectamente posible recuperar la calidad de vida con una imagen que sigue mostrando hallazgos.

En conclusión

Un informe radiológico es una foto fija de tu anatomía. Útil, pero incompleta. Lo que cuenta para entender tu dolor es lo que pasa cuando te mueves, cuando trabajas, cuando duermes y cuando intentas hacer lo que te gusta. Esa parte no aparece en la resonancia.

Si llevas semanas con dolor lumbar instalado o si reconoces que el patrón se repite, una valoración personalizada puede ayudarte a entender qué está pasando y qué tiene sentido hacer. En Tonovital combinamos la formación quiropráctica de Sherman College con la mirada de fisioterapia colegiada, y dedicamos el primer encuentro a explorar tu caso con calma antes de proponer plan.

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Sigue leyendo

  • Ejercicios para hernia discal lumbar: qué sí y qué no — qué movimientos suman, qué movimientos restan, cómo progresar sin disparar el dolor. (Próxima publicación.)
  • Por qué la medicación sola no resuelve el dolor lumbar — qué dice la evidencia sobre fármacos para la espalda baja y cuándo tiene sentido sumar otra mirada. (Próxima publicación.)

Fuentes científicas

  • Brinjikji W, Luetmer PH, Comstock B et al. Systematic literature review of imaging features of spinal degeneration in asymptomatic populations. AJNR Am J Neuroradiol. 2015;36(4):811-816. DOI 10.3174/ajnr.A4173.
  • World Health Organization. WHO guideline for non-surgical management of chronic primary low back pain in adults. 2023.
  • National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management. NG59.
  • Qaseem A et al. Noninvasive treatments for acute, subacute, and chronic low back pain: a clinical practice guideline from the American College of Physicians. Ann Intern Med. 2017;166(7):514-530. DOI 10.7326/M16-2367.

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